viernes, 29 de abril de 2022

ARREBATO

Dir.: Iván Zulueta
1979
110 min.

Es tremendamente obsesiva. Se ponen frente a frente las adicciones a la droga de la época con la adicción a filmar de un extraño personaje. Es un chico delgado como uno esperaría de un heroinómano. Viste con un abrigo marrón, pesado y largo. El pelo largo como el cantante de The Cure. En sus primeras apariciones está siempre estático. En un rincón de la sala, subido como un cuervo a una mesa…

La primera imagen que tenemos de él es muy potente. José está sumergido en su bañera, totalmente vestido. De fondo se oye un caset que ha recibido por correo. Cuando oye la voz y la reconoce se le aparece la visión de este chico. Es un flashazo brevísimo. El plano es breve, pero más breve es el tiempo que Pedro aparece en pantalla.

Es alguien obsesionado con el cine y que busca el sentimiento de arrebato. Quedarse conmovido tremendamente por algo estético. Cuando él lo consigue llora, grita y se retuerce. Como una especie de mal viaje lisérgico. Los paralelismos entre cine y droga son varios. Vemos sobre todo a los personajes masculinos mirar la imagen proyectada con enormes ojeras. Expresiones faciales agónicas. La luz es otro elemento que tienen en común. Tanto para encender el proyector como para consumir drogas se necesita que la habitación esté a oscuras. El dinero que cuestan amabas actividades. Son impresionantes las escenas en las que ambos se acercan a la tienda de fotografía a comparar los rollos de película y después a obtener su botín revelado.

Pone a prueba a las personas. Cuando Ana, la novia de José, vuelve de meterse un tiro la hace sentarse en una incomodísima y pequeña silla de madera para admirar una muñeca de Betty Boop. Una muñeca bien fea. Ella lo contempla horas. Lo que este chico consigue mediante la contemplación de imágenes es lo que los adictos a la droga consiguen en su cuelgue. Se habla mucho de la pausa. Que es allí donde se encuentra la esencia del cine, donde está su poder. Estas ideas nos recuerdan al chico que vive en la casa de al lado en “American Beauty”. Pero aquel está mucho más contenido.

Quizás el momento más icónico de la película es el plano en el que recibe el tomavistas. José le regala este aparato. La felicidad de Pedro es absoluta: ya no tiene que estar preocupado de su pulso para tomar las fotos que hagan el efecto de movimiento, ahora ocurre automáticamente. Planta el trípode en su campo de Segovia, apuntando al cielo. Él, con su cara de quien está ido, es feliz. Gira dando saltos alrededor de la cámara. Con el abrigo bailando. Parece una escena de cine italiano. Es una maravilla de imagen. Es quizás el único momento en el que un personaje muestra tal felicidad. Hasta entonces le habíamos visto a él obsesionado por conseguir sus imágenes, le habíamos visto agónico con su arrebato, José tampoco había disfrutado ningún momento particularmente. Es una isla en la película.

Sonoramente también es muy interesante. Con mucha frecuencia oímos un sonido sintetizado, muy punzante. Empieza grave y sube hasta resultar molesto. El sonido traqueteante de las cámaras también está presente. Oímos cuerdas reproducidas hacia atrás. Pero una de las cosas más alucinantes que oímos es una de las chicas que va a visitar a Pedro cuando está ansioso por no recibir su dosis de arrebato. Como ocurre frecuentemente en estas películas, ella está doblada. Antes de verla por primera vez oímos su voz a través de una puerta. Lo que oímos es, claramente, la voz de un hombre fingiendo ser mujer. Dado el año de la película no nos extrañaría que un personaje fuera transexual. En su lugar vemos que tras la puerta hay una mujer de la que nos esperaríamos una voz femenina. Investigando, ya que no está acreditado, descubrimos que esta voz es de Pedro Almodóvar.

Todas las interpretaciones están espléndidas. La naturalidad es asombrosa. Hablan de manera muy llana. Algo que contrasta enormemente con las pretensiones de la película. La hermana de Pedro, interpretada por Marta Fernández Muro, es dicharachera. Habla como si las palabras le salieran totalmente solas. Su actuación cuando conocemos a Pedro es una maravilla para conformar la escena. Madre e hija hablan naturalmente a su invitado mientras Pedro hace toda clase de marcianadas. Desde grabar el cielo gritando a tomar un plato de azúcar manchada de café.

Las últimas escenas, en las que descubrimos el final de Pedro son totalmente increíbles. Hemos visto la valentía de la película. Pero cuando la cámara finalmente toma vida propia y acaba con quien quiere simplemente nos rendimos ante ella. Consigue que la cámara sea antagonista al nivel de HAL en “2001: una odisea del espacio”. Por su lente delantera vemos cómo parpadea el obturador. Por detrás vemos cómo parpadea el piloto rojo. El propio argumento de la trama ha conseguido que ella sea un elemento peligroso. Pero cuando por fin ¡se mueve! Es maravilloso.

También me fascina la idea de dónde tiene que ir a buscar Pedro su arrebato. Descubre que después de grabarse cada noche, hay algunos fotogramas donde él se levanta y los siguientes fotogramas están sólo en rojo. Muy probablemente haya puesto la mano delante del objetivo o algo por el estilo. Es algo que a nosotros nos produce bastante poca intriga. Sin embargo él está convencido de que en esos momentos tiene la visión de algo que, noche tras noche, le fascina. Y ya no es el arrebato lo que disfruta: es el testimonio de haber tenido un arrebato. Un arrebato que no ha podido tener por nada que haya visto ya que duerme con un antifaz puesto.

Esta forma de observar la cinta de manera obsesiva recuerda en cierta manera a “La conversación”. Nos dejará una imagen que se contrapone con el cuerpo machado de José, la ventana con restos de celo que ha usado durante el montaje. Vemos mucho celuloide a lo largo de la película. Arrancamos con una sala de montaje donde están trabajando José y Antonio Gasset. Por mencionar otra gran aparición en la película: Luis Ciges en un breve papel de portero. Un personaje muy anodino pero que no impide que él actúe como sabe.

Cuando Pedro desaparece dentro de la cámara José va a esa casa. La muerte de José quizás es lo más inexplicable de la película. Muere por un tiro. Pero por un tiro sonoro. Cada vez se oyen más martilleantes las capturas de la cámara, hasta que se venda los ojos, se oyen tiros y él cae. Con respecto a la adicción de José trata a su novia con misoginia al culparla de que ella no supera su adicción y, al tener siempre encima droga, él tampoco puede dejarla.


viernes, 22 de abril de 2022

SUSPIRIA

Dir.: Dario Argento
1977
101 min.

Una de las películas con las que más miedo he pasado. Las películas que realmente me dan miedo son aquellas que te han demostrado que no puedes estar preparado para nada de lo que pueda ocurrir en ellas. Esta peli desde su primera escena de miedo ya deja muy claro que va a ir sin frenos.

Cualquiera que me dijera que va de una academia en la que hay una fuerza maligna y que una chica nueva llega y derrotará al mal que mata a los alumnos recibiría enormes dosis de indiferencia por mi parte. Sin embargo es sumamente sorprendente a cada escena. Aparte del enorme atractivo visual hay muchísimos detalles que nos permiten obviar la simpleza de la trama. No deja descanso. Cuando sientes que una escena está llegando a su fin no puedes relajarte porque el plano de la siguiente puede ser un exordio para cualquier locura que nos haga retirar los ojos de la pantalla.

En los primeros momentos, antes de que seamos conscientes de la trama de la peli, se nos presentan varios planos visualmente muy interesantes. La chica parando un taxi bajo una lluvia de un caudal absurdo. El bosque de árboles azules por la luz nocturna con troncos verticalísimos y con un ojo de pez muy forzado. El rojo rojísimo en la pared la primera vez que vemos la academia iluminado con gran maestría porque cuando vemos la academia a la luz del día ya no es lo mismo. Los interiores muy desasosegantes, presentados de forma impresionista, casi como un plano de Jodorowsky. Especialmente en los interiores hay un aura de película anticuada bastante indescriptible así como ocurre al ver “Carrie”.

Hay algunos recursos que sí son identificables como elementos ahora anticuados como la sangre a todas luces excesiva, los zooms muy exagerados y no siempre tan efectivos como se quiere. La música… La música hoy en día sería impensable en una peli de miedo pero funciona tremendamente bien.

Las luces en general llaman bastante la atención, hay rayos de todos los colores. Los pasillos de un rojo muy machacante ya que son de paredes rojas iluminados por luces rojas. En las paredes de colores menos agresivos se hacen mezclas de colores muy interesantes, así como contraluces sorprendentemente bien ejecutados. Ante la actual hegemonía del contraste entre luz naranja y luz azul se agradece la creatividad de muchos de sus planos. El contraste predominante es el rojo y azul pero hay alguno mucho más trabajado de rojo, verde y celeste: precioso. Incluso está muy bien tratado el pasillo amarillo, un color bastante difícil.

Hay una escena maravillosa, bastante onírica de una chica que va a ser asesinada por una navaja sostenida por no importa muy bien quien. Cuando desesperadamente se encierra en una habitación vemos asomar la cuchilla, que con gran paciencia abre cuidadosamente el pestillo. Hay una conjunción perfecta de ritmo y actuación donde la chica acepta de una manera demoledora que no tiene escapatoria. Y realmente queremos que se salve, algo que infrecuente en el slasher.

Otra genial escena es la de un ciego en una plaza gigante con dos únicos edificios neoclásicos. Hay una presencia extraña que nadie es capaz de identificar pero que causa un terror mayúsculo. Está maravillosamente ejecutada. El desenlace de la escena muy propio de la época nos saca un poco de ella pero es genial todo lo que lo precede.

La amiga de la protagonista interpretada por Stefania Casini tiene la mejor interpretación de la peli. Es especialmente importante porque la peli recurre mucho a la verbalización. Esto es magnífico porque reduce drásticamente la duración de la peli y permite mantener la tensión. Hay una escena en la que cuenta sus sospechas acerca de la directora de la academia de una forma estupenda. El texto no es muy maravilloso pero la interpretación es magnífica.


PARTHENOPE

Dir.: Paolo Sorrentino 2024 136 min. Arranca con la be...