viernes, 11 de octubre de 2024

JOKER: FOLIE À DEUX

Dir.: Todd Phillips
2024
138 min.

Se dedica a desmontar cualquier interpretación que pudiera suscitar “Joker (2019)” del protagonista como una víctima del sistema. Desde muy al principio se nos dice que es una persona egocéntrica. Para desmontar cualquier rasgo de nobleza después el personaje enano que presenció el asesinato más brutal de la primera entrega le explica de qué manera esa situación le anuló vitalmente. Es decir: se enfoca el personaje del Joker hacia su entorno. Escuchamos a las personas a su alrededor, vemos cómo las acciones de uno tienen repercusiones en muchas más personas de las que incluye el relato que él mismo se repite, con las 6 víctimas mortales.

Sin embargo la película sí tiene algo bastante egocéntrico. Para empezar se apelas varias veces al momento del primer baile del Joker. Un momento muy disfrutable en la primera película. Aquí lo vemos reproducido varias veces de forma bastante artificial; sin construir una atmósfera que permita brillar a Joaquin Phoenix. En particular se repite varias veces la imagen que apareció en posters de la primera parte: su cara mirando hacia arriba, su barbilla bien perfilada y un cigarrillo vertical en su boca. Resulta algo vergonzante verlo porque, a pesar de toda la autoconscencia del protagonista, esto es algo que se dio en privado. No puede ser un elemento que a él le sirva para construirse su personaje antiheróico.

La decisión de que sea un musical tiene, a priori, algo divertido. La primera parte se ha reivindicado tanto por cierta mirada resentida como una muestra de los tiempos decadentes en los que vivimos, que un musical es una afrenta muy fuerte. Una reivindicación de lo jovial en el cine. Pero también es una excusa para que, sin buscar pretextos, se pueda poner a Joaquin Phoenix bailando. El baile de la escalera es la imagen más repetida de la película de 2019. Aquí tenemos todos los bailes que hagan falta.

Con respecto a las canciones que las acompañan… Creo que ninguna es particularmente brillante. Cuando se reivindica como Joker en una asimilación de su ficticio personaje la sala del juzgado cambia a una iluminación roja… Esto me gusta. Me gusta que se pierda la homogeneidad en iluminación y fotografía, que pierda su típico tono verdoso. No sé si todas las canciones son versiones de otras, pero me ha resultado sorprendente escuchar una versión de “Ne me quitte pas”.

El personaje de Lady Gaga resulta interesante en tanto que se explicita mucho las relaciones parasociales. Él es un personaje público y ella lo quiere por la relación con la parte que él proyecta. No le interesa que haya una persona debajo, le interesa, como se dice: la fantasía. Si bien esto puede ser lo normal para un famoso cualquiera, se vuelve perverso cuando este famoso puede acabar sufriendo la pena capital. De hecho esto simplemente agrava la situación, porque en el mejor de los casos ella está incentivando un trastorno psicológico.

A nivel de guión hay un momento extrañísimo. Ella por algún motivo logra entrar a la celda en el módulo de altísima seguridad en el que él habita. Tienen un hijo. Esto tiene cierta importancia para el desarrollo del Joker porque Arthur expresa que quiere herederos de su linaje. Pero tampoco es tan relevante por el último plano que vemos: a Arthur lo asesina un compañero en el psiquiátrico. Mientras él se desangra en el suelo podemos ver al psicópata al fondo que se rebana las comisuras de los labios. Resulta evidente que es para convertirse en el Joker que todos tenemos en el imaginario, quizás en el Joker de “El caballero oscuro (2008)”.

También por conveniencia de guión, los juzgados explotan. Si se nos ha convencido que la masa social que sigue a este personaje sólo está enamorada de la fantasía de liberación, ¿por qué, de repente, sí se comportan como terroristas dispuestos a pasar a la acción?

La interpretación de Phoenix es buena. Tiene algún momento en el que brilla. Por ejemplo en aquella entrevista en televisión. Según habla se le quiebra y le vuelve la voz. Me parece que es la maestría que podemos esperar de este actor. Pero en general no creo que se le permitan muchos momentos para lucirse. Cuando le vemos por primera vez se nos muestra su delgadísima espalda, toda tensa. Es imposible no acordarse de aquel plano en el que manipula sus zapatos descargando sobre ello toda su rabia. La gran particularidad de este personaje era su risa: el hecho de que fuera incontenible, estridente y espontánea. Me resulta indeleble el rostro de Phoenix riendo y adquiriendo un rictus pesado con tan solo un par de fotogramas. De esto último, que vimos en la primera, no tenemos nada.


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